Noches de verano




   La ya tradicional convención anual de cerveceras flamencas (menos una oveja negra que toma bebidas sin gas y sin alcohol) ha tenido felizmente lugar en una terraza agradable del barrio. Se trata de repasar el curso en tres minutos y vomitar el resto de nuestras complejas vidas en las tres horas restantes. Todo bien regado con zumo helado de cebada y unos platillos para engañar al estómago. Tengo que reconocer que mi estómago y todo que le sigue no tienen un pelo de tontos y esta mañana he pagado intestinal y puntualmente los excesos de la noche previa.
Gustosamente pago ese precio ya que mereció mucho la pena el reencuentro entre AuroraVargasysuprima, MartillOte, Noestoymucatólica, Lisiadallevounaño, Heridaenlaplaya y Melopasotodoporelforro (nuevos aunque transitorios motes de las protagonistas de la noche). 

  A punto de comenzar las vacaciones, esas en las que huyes del infierno climatológico y cambias a escenarios más amables cuyo valor más preeminente es un escueto bikini (o un bañador de cuello vuelto), damos rienda suelta a las confidencias, estrategias de crianza, frustraciones, preocupaciones, planes inmediatos y más cosas con grandes dosis de ironía (eso es humor inteligente) y risas. Muchas risas. 

  Para el próximo curso parece que hay sorpresas, según se anuncia en el Instagram de la escuela. Más clases, más grupos, más espacio y más profes. Intrigante como mínimo pero no pasamos mucho tiempo elucubrando el qué ni el cómo de lo que nos espera en septiembre. Yo casi prefiero que me sosprendan. Me pasa igual cuando estoy de guardia. La ilusión es descubrir el menú del catering a la hora de cenar. Ni lo he pensado ni lo he guisado. La felicidad es plena 😂😂😂. Sea como fuere, una necesita desconectar de todo unos días y descansar de verdad. Descansar de tener que tomar decisiones continuamente, descansar de organizar casa y familia, olvidar las listas de cosas por hacer, descansar de la tiranía de lo digital, redescubrir atardeceres, pasear sin prisa incluso sin objetivo, mojarse los pies, mancharse los dedos de sardinas a la brasa, ir en chanclas o subir una montaña, dormir al raso, contar estrellas, comer despacio, leer en papel y charlar hasta las tantas. Si puede ser, lejos de casa, a un par de horas mínimo. En un par de días ya me toca a mí y estoy deseando porque este año ha sido duro y necesito recuperar fuerza. 

  Creo que hice un buen trabajo en la medida de mis posibilidades, empeñé mucho tiempo y no escatimé esfuerzo. Todo muy gustosamente porque lo he disfrutado. Continuamos en septiembre para seguir creciendo y aprendiendo. El próximo año ya será el quinto. Si me lo dicen el primer año, no me lo creo. 

  Feliz verano de días largos, noches cortas y pies descalzos. Los tacones volverán en unas semanas. Nos vemos entonces 😘. GRACIAS 





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