Quejío


 Además del sonido flamenco arriba definido, QUEJíO somos nosotras, mi grupo, las que mueven la falda y sus gloriosos cuerpos más arriba aún. Pero llegar a ser Quejío nos ha costado sangre, sudor y lágrimas (y dos años de propuestas fallidas en la búsqueda de nombre para estas cinco mujeres). Ahora somos cinco pero hace un año fuimos diez, y después ocho y las vicisitudes de la vida se lleva a unas y nos trae a otras. De modo que ahí quedan cuatro de las que iniciamos la aventura y otra quinta adquisición de última hora (aunque quizá la echemos del grupo por ser más flamenca que las otras cuatro juntas y eso, la verdad, duele). O quizá nos la quedemos porque la pobre es del norte y es sosita y le hacemos falta. 
La que decidió finalmente el nombre fue la directora de la escuela, que nos lleva sufriendo meses y nos conoce como si nos hubiera parido. Dice que nos quejamos tela. O sea que la magia flamenca a tomar por culo. Somos literalmente las Quejío pero es por las cervicales de una , los juanetes de otra , la tendinitis de la tercera, etc, etc y porque, seamos completamente francas, Cornetita se queja a todas horas: "no me sale, no me sale" (fue otro de los nombres que barajamos aunque fue descartado enseguida).

  Lo de Cornetita tiene guasa porque siempre dice que a ella no le gustaba el flamenco de nunca y llegó a esto por casualidad. Por casualidad y por su hija, claro. Ahora es la que mejor pose tiene en el escenario (quitando a la cabrita del norte). Manda webs la cosa. Os comparto su truco: subir codos, girar mucho la cabeza y mirar por encima del hombro. 

 A nuestra siguiente componente la llamaremos Martillitopilón, que es su máxima en la vida:la constancia y la insistencia. Como es menudita siempre la ponen en medio en las coreografías así que sale en todas las fotos la tipa. Es de mi quinta, menos mal, así no me encuentro tan sola en mi flaccidez. Yo la quiero mucho porque da buenos consejos, es muy curranta y comprometida. No te falla nunca.

 Mi Rubiales también es un amor. Nos une la faja y que somos donantes las dos. Usar faja es un signo de saber vestir. "Para vestir bien por fuera hay que vestir bien por dentro", eso decía la madre de una buena amiga. Y tiene toda la razón. Porque la faja despega las telas del cuerpo y así evitar que se marque la gomilla de las bragas. En el escenario mi lema es #nosinmifaja y yo sé que Rubiales es del mismo club. Rubiales es más lista que el hambre, puede faltar un mes entero a clase y se pone al día en una semana. Es socarrona y una madraza. 

 A la norteña la llamaremos Adelantada, que ha llegado la última y ya nos lleva dos cursos de ventaja. Es del norte pero arrepentida porque le gusta más el sur que a Rafaela Carrá cuando quiere hacer el amor. Además se ha echado un novio Nazareno pa asegurarse la permanencia. Anima mucho el WhatsApp porque tiene una colección de stickers envidiable. Siempre está contenta pero suda mucho y eso la incomoda. Yo creo que suda como todas las demás pero no se acostumbra. 

 Yo soy la abuela. Además es que tengo nombre de señora mayor. Tengo todo de señora mayor: el nombre, la edad, la faja y los juanetes. También tengo la lengua suelta y ningún filtro. Lo que viene siendo una awela en toda regla. Además sin gafas veo menos que un gato de escayola. En fin, un compendio de virtudes. Lo que sí tengo es la ilusión intacta de los 20 años. Eso creo que compensa todo lo demás.....de momento. 

Río Ancho (Jorge Pardo/Chano Domínguez)

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