La paz del flamenco
A las puertas de Semana Santa nuestra escuela ofrece un nuevo y estremecedor espectáculo repleto de sensibilidad, profundidad, flamencura y detalles exquisitos para que la experiencia sea tan intensa como emocionante: Entre Cirios y Volantes. Así el estímulo no es solamente visual y auditivo sino también olfativo y quasi sensorial. El aroma del incienso lo envolvía todo, la luz tenue, el silencio roto por una voz quebrada que entonaba una saeta, los flecos del mantón acariciando por turnos los brazos de Soniquete en su última intervención.... faltó una torrija entre bambalinas. Ahí lo dejo como sugerencia para el año que viene.
Llama poderosamente la atención lo diferente que es la atmósfera dentro del teatro de los camerinos. Merece la pena un minuto de introspección antes de salir a escena cuando una llega destartalada de pelearse por mantener la maldita puerta cerrada y los padres dejen de asomarse a ellos como si el espectáculo estuviese allí. Y sí, he tenido momentos de irritación previos al inicio y de cansancio acumulado, ganas de que termine ya todo de una vez, necesidad ninguna de hablar o comentar con nadie, paciencia cero de aguantar nervios ajenos. De hecho me he escabullido algún minuto para estar sola. Tuve una semana muy complicada, tanto que el viernes a punto estuvo de ocurrir algo que hubiera abortado mi participación en el montaje. Estas cosas no las suelo compartir porque ya todo el mundo anda de los nervios y yo lo que necesito es calma. Todos sabemos que calma es justo lo que no hay en el día de un estreno ni en los previos. Pero luego suena tu música y da una los seis o siete pasos que te distancian del tablao y allí ocurre la magia, que se deja una envolver por el estruendo de cornetas y tambores y, aunque va una chivateando en un susurro alguna pista a la compi más inexperta, la concentración es máxima y empiezo a disfrutar. Esta vez no hubo taquicardia ni temblor ni nudo en el estómago. Esta vez solo hubo música y baile. Y ahí, en esos tres minutos, se borraron los problemas y las presiones. Y hubo paz, esa paz que tanto estaba yo anhelando.
Aún no he visto un vídeo completo en el que pueda hacer eso que me gusta tanto: analizarme y ver lo siguiente a corregir/mejorar pero en esta ocasión no siento esa urgencia de otras veces. Hoy sólo quiero disfrutar de lo vivido. Y agradecer a todas mis compis de Quejío y de Esencia la complicidad y el apoyo que nos hemos demostrado en el escenario y fuera de él.
Felicitar en mayúsculas a nuestra Pipi y Sobrinita por el colosal espectáculo en el que nos dejan participar. Tiene mucho mérito idear coreografías de muy distinto nivel y transmitir con cada una el mensaje justo en el tono adecuado que va in crescendo hasta llegar al momento culmen de la obra. Sin miedo a equivocarme diría que esto que ellas hacen excede con mucho a lo que se espera de una escuela de barrio. No soy yo la única que lo piensa, al salir me felicita gente anónima, no a mí personalmente sino como parte de la escuela. Entonces llegó a casa y me pongo a pelar patatas porque parece que las artistas de primer nivel aún tienen que hacer la cena, y entre papa y papa voy escribiendo y leyendo en el móvil las sensaciones de las chicas que compensan todo el estrés de mi semana horribilis.
Y mañana es lunes. Pero hoy, aún por unos minutos, sigue siendo domingo, 15 de marzo, cuando tuve el honor y el placer de formar parte de esta cosa del flamenco (y ya van unas cuantas). Voy a ver si sueño flamenco esta noche. Os quiero mis niñas 😘
Magnífico post
ResponderEliminarMuchas gracias, caballero
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