Memoria de pies
Estudié piano muchos años. Piano y todas las asignaturas que le rodean: solfeo, armonía, repentización y transporte, conjunto coral, historia de la música, música de cámara....catorce años que se dice pronto. Bien es cierto que a partir del sexto año quería dejarlo y fueron agónicos tantos años de estudio sin motivación. Acabé cerrando el piano y no lo abrí en otros tantos seguramente, ya no lo recuerdo bien. Está peliculilla mía viene al caso porque quería contaros cómo las disciplinas musicales requieren mucha práctica. Práctica diaria preferiblemente, si quiere uno progresar. Recuerdo una cosa que me dijeron al empezar ....si estás en primer curso, una hora de práctica diaria, si estás en segundo, dos, si en tercero, tres y así sucesivamente. Cuando llegué a cuarto, no tenía horas el día. Pero era cierto. La práctica lo es todo.
Cerré la tapa del piano por muchos años pero un día, solita en casa, la volví a abrir....por curiosidad....y me puse una partitura delante. Una pieza preciosa del maestro Albéniz (abajo dejo el enlace). Lo pasé fatal, frustración total. Me recordaba a mí misma tocando la pieza grácilmente y sin embargo, los dedos no recordaban dónde debían ir. Los dedos no respondían. O sea, que no era como montar en bicicleta 🚲 o nadar que por años que pasen no se te olvida. Los dedos tienen la memoria muy corta.
Pues estaba esta tarde aprendiendo una escobilla. Mejor dicho, repasando, que ya me la sé. Repasando una escobilla para, primero, darle precisión y después, velocidad. Y me acordaba de tantas horas que he pasado aporreando Albéniz, Chopin, Beethoven, Mozart, Bach, Debussy, Bartók y otros mucho menos conocidos para justo conseguir lo mismo: precisión y velocidad. Y una vez conseguido, poder interpretarlo, que suene y se vea como el compositor o la coreógrafa soñó, o mejor, hacerlo tuyo y se intuya la pequeña contribución del que se expone.
Lo hago porque sé bien, que al igual que los dedos, los pies también son desmemoriados y he asumido un compromiso mayor este curso que requiere de un esfuerzo, consecuentemente, mayor.
A pesar de mi abandono del piano y su mundo, agradezco y reconozco las bondades que ha traído a mi vida aquella formación musical, si no vasta, bastante amplia diría. Apreciar la importancia de cada instrumento, incluso de los que pasan más desapercibidos y sin embargo, muchas veces, llevan el peso de una obra. Reconocer y no perder el ritmo, la cadencia, en eso soy implacable; distinguir la afinación, el contratiempo, el modo frigio o cadencia andaluza típica del flamenco....tantas cosas que hacen que, muchas veces, sienta como si tuviera una oreja gigante a cada lado de la cara.
Si me paro a reflexionar me doy cuenta de cuánto me atraen casi todas las disciplinas artísticas, desde la música al baile, el teatro o la literatura. Si no me gustara tanto mi profesión, sin duda podría pasar mis días entretenida con todas estas ramas del arte. Otra cosa es que me diera de comer 😂😂....Bueno, sigo con la escobilla, aún me quedan horas de práctica para poder presentarla decentemente.
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