El Tetris
Pues resulta que nuestra Pipi tiene un cuaderno 📔. Y apunta sus cositas. Por ejemplo: quién falta, quién NO va de negro, quién NO lleva el pelo recogido....esas menudencias. Las apunta y luego llegan las CONSECUENCIAS. Antes o después llegan ....y yo, al principio, me preguntaba con qué criterio está mujer te pone a un lado o al otro del escenario. No tiene nada que ver con lo bien, regular o mal que bailes. No, señora. Aquí impera la talla. La talla, no de sujetador ni de falda. La talla de altura. Si eres alta, vas de culo. Lo siento, Tallarina, estás proscrita hasta el final de los tiempos a bailar en una esquina. Y además, si llevas camiseta (un poné) verde a las clases nunca podrás redimirte. Amén. Hay que avisar a las nuevas que son almas cándidas y tienen las carnes prietas. Pero eso no basta. Aquí la que triunfa suele ser bajita. Limitadita, estás de suerte, cariño. Te pondrán de pareja con Martillito en el centro. A las medianas nos coloca en los huecos entre las altas y las bajitas. De relleno.
Este año está fastidiada la Pipi. No sabe aún cómo va a resolver el Tetris de las posiciones. Sueña con Tallarina (más bien es una pesadilla) y consulta su cuaderno a menudo. Entra en trance, mirando a una esquina, con los ojos en blanco, se devana los sesos imaginando la colocación óptima de sus alumnas, nosotras. El último día se trajo a una compinche de T de Triana (también bajita, que son las que le gustan) y nos estuvo grabando. Luego hacen su aquelarre y deciden: ésta a la esquina, aquella detrás que no da pie con bola, ésta bajita al centro -y se miran cómplices sonriendo-, y así se entretienen mientras nosotras, las almas cándidas y las perras viejas, estamos a por 🍇 uvas.
Tiene su dificultad colocarnos de manera armónica. Si no hay armonía en las posiciones la Pipi sufre un cortocircuito, le chirrían las rodillas, se descompone, tuerce la boca, se le sube la tensión arterial y hay que llevarla a urgencias. Así que yo siempre le digo que sí a todo, izquierda, izquierda, derecha, derecha, delante, detrás... un, dos, tres. Y si puedo, le echo una mano, empujando a MariChús sin ningún miramiento, con tal de que la Pipi no descarrile si no está en el hueco correspondiente. Perdona, MariChús, enseguida aprenderás a empujar a tus compañeras aunque quizá con más sutileza que la que yo manejo 😅 que soy más áspera que una lima de uñas.
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