La olla a presión


  Pues ha llegado junio, un mes que solía ser maravilloso por su avance veraniego, sus días largos, sus escapadas a la playa 🏖️ para ir bronceándose.... qué tiempos. Ya no, ya nada es como antes. Mis junios de ahora son frenéticos. Nada de escapadas playeras o tardes de siesta y piel dorada. Ha sonado una corneta 📯, la del séptimo de caballería: tatari tari tari tari tariiiii, y me encuentro al ataque con la espada apuntando al enemigo. En realidad es, más bien, una huída hacia adelante con florete de plástico. Lo que está claro es que vamos a galope, pero más que al ataque, atacadas. De repente hay ensayo cinco veces por semana. Cinco tiene premio 🏆. Pues tenemos cinco coreografías que bailar o sea que del premio no nos libramos. Yo tengo muchas dudas y memoria de Dory. Algunas dudas son de pasos y otras, la mayoría, de brazos. O de transiciones. O de derecha/izquierda. O de todo a la vez. El ambiente está tenso. Hay presión. El fin de curso nunca viene sólo, se acompaña de selectividad de los hijos, enfermedades de los padres, calor 🥵 intenso, hormonas desatadas y el cansancio acumulado desde las últimas vacaciones de verano. 

  La semana pasada me entero de que me tengo que morir, así, de repente me lo dicen. Sin anestesia. Oye, ¿te puedes morir al final?....Pero, ¿cómo me tengo que morir?....Pues así como humilladora 5 (otro premio, señora)....[humilladora 5 se muere con elegancia y no se rompe la cadera en la caída, no como yo, awela 71, que caigo como un saco de papas].  Y arriba estoy yaciendo en el duro suelo de la escuela junto a otras compañeras de muerte por arrebato flamenco. Nada, nada, si hay que morir, que sea en el escenario por la gloria de Camarón. A estas alturas de la película me dejo hasta cortar la cabellera por los Siux, que llevan cuchillos de verdad no como mi arma de juguete. Me apunto mentalmente ensayar la caída en casa. Y sobre todo, ensayar cómo levantarme luego sin perder la dignidad. Menos mal que los atuendos se van completando poco a poco. Hoy viene la modista a medirnos. Si Dios quiere y esa señora también, lo tendremos todo a tiempo. Si Dios quiere y nosotras trabajamos más, las coreografías nos las terminaremos aprendiendo y ejecutando a tiempo. Si Dios quiere y la Pipi aguanta, saldrá todo a pedir de boca y será un evento PRECIOSO como siempre. Si Dios quiere y no nos mira un tuerto llegará julio y yo me podré cortar el pelo en una peluquería como hacen las señoras de mi edad.

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