Las Humilladoras
El primer día que las vi en un ensayo, la mandíbula inferior se me descolgó hasta las rodillas. Acto seguido le dije a La Pipi....te las apañas como puedas pero yo no salgo a bailar detrás de éstas, haz el favor de meter en medio a las niñas chicas porque si no, el ridículo va a ser mayúsculo. Ya no me acuerdo de lo que hizo (lo que le dio la gana probablemente) pero el impacto que me produjeron Las humilladoras lo tengo grabado a fuego. Para mí son un regalo. Encima las disfrutamos muchísimo, y hasta nos han acompañado en alguna ocasión para completar a nuestro grupo, que estuvo en precario durante un tiempo. Y más tarde, algunas de nosotras las hemos acompañado a ellas para rellenar, ahí al fondo del escenario. Todo un privilegio. Sólo verlas bailar desde atrás ya merece la pena la humillación de salir con ellas. Por eso las llamo Las humilladoras. Y ya se han quedado con ese nombre, aunque estas chicas se autodenominan T de Triana. Mi nombre es mucho más ajustado a la realidad se pongan como se pongan.
Arriba he subido una imagen de tres de ellas, de una actuación en la feria de Dos Hermanas el pasado mayo. Otra más de las ocasiones en las que he podido verlas, y esa vez, de las mejores porque estaba en primera fila, sin la presión de tener que bailar yo, simplemente como público entregado y disfrutón (y como reportera gráfica). Pasan las líneas y faltan comentarios ácidos, como es de mi gusto al escribir pero me doy cuenta de que no me salen. Las miro con el embelesamiento con el que una adolescente de las de antes miraba a Tom Cruise o a Miguel Bosé. Si pudiera, las raptaba para que me bailaran a mí sola cada vez que se me antojase. Dos sesiones diarias.
Las de la galaxia de Andrómeda de Marchena repiten los pasos marcados a la primera las muy asquerosas. Sobre la marcha colocan los brazos y giran sus cabecitas y su cuello esbelto con gracia, pulcritud y a tiempo. Pocas veces las corrigen y, en todo caso, es porque quizá el dedo meñique no tiene el ángulo preciso. Tócate el bolo, Manolo. Tampoco transpiran y siempre llevan el moño impecable. Encima son muy monas y agradables. Gente irritante, francamente. Se lo han currado durante años y como resultado, bailan como si no les supusiera ningún esfuerzo. Me subo por las paredes. Se pasean por el escenario como si fuera suyo, sus dominios, como si dijeran "ya estamos aquí y el que pueda que lo supere". Y se quedan tan panchas. Me cortan y no sangro. Os digo una cosa: la línea entre el amor y el odio es muy delgada y yo estoy a punto de cruzarla. A no ser que nos dejen bailar más veces con ellas y las adopte para siempre ♥️.
Farruca (Julián Estrada)
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