Bocadillo de Nocilla
Desembarcan en el teatro con sus maletas perfectamente organizadas, según el método KonMari flamenco. La mamá de una peque ha grabado un tutorial de cómo hacer la maleta de una artista de 1.20 m de altura y lo ha colgado en el grupo WhatsApp pertinente. Es el nivel que se maneja en esta escuela. Lo estoy flipando lokamenti. Tenemos papeles por triplicado con el orden de coreografías y la ropa y complementos que se tienen que poner los niños en cada una de ellas. Tenemos asignados dos o tres niños para cambiar por adulto. Me pongo las gafas a ver si los reconozco de los ensayos. Tengo a dos de Las Guerreras y a una de las Baby. Cada niño tiene la maleta abierta debajo de un cartelito con su nombre, y están separados por grupos. Hablamos de niños de 7 años para abajo. Menos mal que los de Alboroto, más mayorcitos, son autónomos y solo hay que echarles una mano con algún detalle final.
Empezamos que da gloria, las flores con sus horquillitas prendidas, la caja con los pendientes y broches, bolsa para la ropa que se quitan y no se volverán a poner, otra con los tacones o los espartos. Todo el mundo sabe cuánto me entusiasma atar las cintas de los espartos (pero sobre todo desatarlas) y que me vuelve loca cambiar pendientes en orejas cuyos agujeros no están domados. En el primer cambio vamos como el reloj de la Puerta del Sol, ya para el segundo empieza el desbarajuste de horquillas y peinas. ¿Qué flores tocan las rojas o las blancas?. Como no hay luz, la escaleta no me sirve de nada y la uso para secarme el sudor de la frente. He decidido priorizar con el calzado porque las puñeteras cintas me dan sarpullido. Las niñas, sin embargo, están obsesivas con los aros rayando el histerismo. Vamos a calmarnos porque como empiece con el temblor fino, les pongo el aro en la nariz. Dejo a una niña a medio cambiar porque salgo a bailar yo. Cuando vuelvo se está comiendo un bocadillo de Nocilla. Se me descompone la cara cuando le veo los churretes. Su amiga le está hincando el diente a uno de aguacate y aceite, mucho más sano, dónde va a parar...Los lamparones de aceite no se aprecian en el escenario, tranquila, que siga merendando la chiquilla.
Según avanza la tarde, aquello se va convirtiendo en una guerra de trincheras. Se me han perdido las niñas mientras buscaba el broche en la maleta de la más chica. Las está cambiando Rubiales. Como no soy celosa me pongo con otra que no sé su nombre pero yo le digo, cariño, estás muy guapa y ella sonríe y me apremia con las peinas. Cuando pienso que he recuperado el control, me tengo que ir a bailar otra vez con la angustia de pensar qué me voy a encontrar a la vuelta. Están jugando al pilla pilla porque ya han gastado todos los botes de laca. Ahora hay que vestirlas de Meninas (y yo me acuerdo de toda la familia de la Pipi, incluida la extensa, según se complica el outfit). Al filo del último segundo salen todas pero una lleva la falda al revés.
A la vuelta por el pasillo me cruzo con un culo con tanga al que hay que subir la cremallera de la falda. Las mayores también piden ayuda porque bailan muy seguido y van más apretadas de ropa que un vagón de metro un Jueves Santo. Además ellas son las que le dan calidad al espectáculo y necesitan mayordomo, sobre todo una. A estas alturas ya me la trae todo al pairo pero quedan dos cambios de ropa. Me siento en el suelo para cambiar las faldas porque tengo la cintura partida. Mis compis reclaman a gritos más horquillas que desaparecen como los calcetines en la lavadora. Desde el lateral del escenario piden silencio.... qué fácil es estar ahí, dando palmas y marcando pasos, pienso para mí misma, mientras nosotras abrochamos botones y desatamos lazos como si no hubiera un mañana.
La Pipi no lo sabe pero las nuevas de Adulto Inicial se han quedado en el otro lado del escenario, tomando rebujito para salir alpisteladas en la bulería del final. Irán finas después de hora y media. De vez en cuando le ponen una peina a alguna de Alboroto para disimular y que el año que viene las traigan de nuevo. Y yo, mientras, ni botellita de agua porque me la he dejado en el coche. Me cago en mi estampa porque no hay manera de pasarse al lado oscuro a hidratarse como Dios manda.
Cuando termina todo, el verdadero espectáculo está en los camerinos. El despiporre es total, aquello es como si hubiera pasado la policía buscando droga. Hay una que dice que ha perdido un bote de laca. Memeotoa. Dos horas después leo en el WhatsApp a una mami que dice que le subamos la falda a su niña, que le arrastra. Definitivamente he perdido el control de esfínteres.
Como antes (Nani Cortés)
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