Volver


  Arrancó el fabuloso mes de septiembre y con él retomamos el vicio común del flamenco, "el mejor vicio del mundo" según La Pipi y puede que tenga razón. Cómo cada año, nuestro querido Quejío sufre algunos ajustes con respecto a sus componentes: un par de chicas nuevas y alguna emigrada de otro grupo. Las tres están en período de observación y análisis. No por parte de La Pipi, sino por parte de la que escribe este blog. Para empezar hay que buscarles un apodo apropiado a sus personalidades y características y eso lleva su tiempo. Por otro lado tienen que pasar la prueba del WhatsApp: puntúa doble la agudeza lingüística y el uso indiscriminado de stickers originales. Restan las faltas de ortografía y, sobre todo, la escasa participación. Lo primero es que la profe las incluya en el grupo, claro.... ahí lo dejo.

  Ya había ganas de volver, sobre todo por parte de las que disfrutaron de sus vacaciones en julio y dudan de si llegaron a ir a la playa o todo fue un espejismo. En estos comienzos de curso se mantiene la clase muy estructurada, con su calentamiento, su ratito de técnica, otra parte de montaje de alguna coplilla y los estiramientos finales. Nos piden decoro y aseo para asistir a clase, entiéndase bien: ir de negro, con falda, moño pulido (como mínimo coleta que no sea despeluchada), muñecas libres de pulseras/reloj y que no nos huela el sobaco (por lo menos al principio). No cumplimos al 100%, hay que admitirlo. Se puede mejorar y se debe porque luego nos graban unas stories para subir a las redes y no queda bonito y homogéneo como le gusta a La Pipi, que en cuestión de redes sociales no comulga con el contratiempo ni con la improvisación sino con la disciplina y con la higiene postural y de la otra. 

  Sufro estos primeros días un poco, nada del otro mundo; lo normal de no golpear el suelo a lo bestia durante un par de meses. Los cuádriceps molestan pero menos que las espinillas. Pese a estos pequeños inconvenientes y que sudo como un pingüino en una sauna, estoy muy feliz de volver a llenarme de compás y ampollas, de cante y de baile, de momentos mágicos y de frustraciones varias. Todo al 50%. Y me vale, ya os digo si me vale.....

  Y el miércoles la que pueda, cervecita a la salida 😉



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